El Tren de la Muerte

Dicen por ahí que en México existe un tren, un tren que te lleva directo a tus sueños. Pero este tren, es engañoso, porque en el camino al paraíso, pasa por verdaderos infiernos.

El tren se llama La Bestia o es también conocido como El Tren de la Muerte y es el tren que abordan ilegalmente miles de Centroamericanos y Mexicanos en su travesía hacia Estados Unidos. Para los Centroamericanos, el viaje comienza al cruzar la frontera de Guatemala y entrar a Chiapas en donde deben cruzar casi todo el estado caminando para llegar a Arriaga y subirse al tren. El viaje era más fácil antes del 2005 cuando podían abordar el tren casi pasando la frontera, sin embargo, después del huracán Stan que destruyó gran parte de las vías en Chiapas, los migrantes deben cruzar el estado a pie. El problema de viajar en automóvil o camión a través de Chiapas son los varios puntos de control de migración Mexicana. Si son sorprendidos por los agentes migratorios, su sueño podría terminar antes de siquiera haber comenzado y ser deportados de regreso a su país. Pero cruzar a pie no solo es cansado, es extremadamente peligroso, en especial en los últimos años en los que los migrantes han sido victimas no solo de robos en su travesía, sino de secuestros, violaciones, asesinatos y desaparición forzada. El viaje a Arriaga es de aproximadamente 275 kilómetros en los que se camina por las vías del tren o a través del monte y la selva. Al llegar a Arriaga, el sueño americano de cada uno queda más cerca; Los Ángeles a 3200 kilómetros y Nueva York a 4800. Después de subir al tren en Arriaga, el camino es largo. La primera parada es Ixtepec, Chiapas en donde los espera un albergue seguro, Hermanos del Camino, dirigido por el famoso y polémico sacerdote Alejandro Solalinde, que desde hace muchos años ha luchado por proteger el bienestar y los derechos de los migrantes, además de tratar de exponer el peligro por el que pasa cada uno y crear cierta conciencia social. Esta suerte, no la tienen en todas las paradas. En otras, no encuentran absolutamente nada y en otras encuentran narcotraficantes o asaltantes que simplemente les roban lo poco que han traído para el viaje. El tren cruza los estados de Chiapas, Oaxaca y Veracruz hasta llegar a la Ciudad de México en donde para en la estación de Lechería y todos bajan, para escoger una de tres rutas dependiendo en donde prefieren cruzar la frontera de México hacia su destino final.

Es un soleado viernes de julio, hace mucho calor y me estaciono afuera de un pequeño supermercado que presume que todo se vende a un solo precio. Un pequeño hombre delgado, de piel apiñonada, aspecto desaliñado, uñas largas y sucias y usando unos jeans viejos, una sudadera café sin playera abajo y botas me esta viendo. Sus ojos son lo que más me llama la atención, son de un bellísimo color miel y parece que detrás de ellos esconde grandes historias. Camino hacía él y nos ponemos a platicar. Su nombre es Alexander y tiene 28 años, es originario de El Salvador. Para el viaje, Alex solo se llevó de su casa una camisa extra, un pantalón, su identificación y por supuesto muchos sueños por cumplir.

Llevo 15 días aquí en México ahorita, llegué aquí en tren, si, salí de Guatemala y ahí crucé la frontera hacía Chiapas. Mhm, crucé todo Chiapas a pata. El tren se agarra en Arriaga pero yo lo agarré hasta Ixtepec. Namás muchos rateros. Namás una vez me robaron, me robaron solo 50 pesos. A los demás luego les quitan todo, la ropa, el dinero, todo todo. En si, a mi namás me quitaron 50 pesos a otro le robaron 15.

¿15 pesos? Le pregunté incrédula.

15 mil, les quitaron la ropa, todo completo. Veníamos 9.

¿Porqué te subiste al tren?

Ah porque quiero llegar.

¿A dónde?

A Los Ángeles. Tengo una hermana allá. Ella no viajó en el tren, le ayudaron a salir, un coyote.

Sus manos tiemblan, se las observo, están sucias. Se las frota. Saca un cigarrillo de su cajetilla de Delicados y lo prende, se lo pone entre los labios. Después de cada inhalación parece tranquilizarse más.

En El Salvador nomas dejé cuatro hijos y pues mi esposa, mi mamá, hermanos y todo.

Alexander dejó en su país natal a su esposa, y a sus cuatro hijos; Guadalupe de 6, Ismael de 4, Josué de 3 y Ashley que es recién nacida.

 Me siento mal, pero no puedo hacer nada, ora si que, si quiero verlos mejor, yo tengo que buscarle, si no vamos a estar siempre hundidos.

Alexander trabajaba en un taller mecánico, en donde se especializaba en arreglar y cambiar frenos. Vivía en una casa muy pequeña, con su familia en el municipio de Comalapa en el cantón ‘El Pepeton’.  Cuando me lo dijo me reí y con una sonrisa enorme y blanca dijo:

¿Chistoso verdad? Es nombre de fruta.

Se le hacían arrugas a los lados de los ojos cuando sonreía.

Su familia se dedica a la agricultura, en especial a sembrar maíz y frijol.

De El Salvador a Guatemala si llegué en autobús. De ahí cruzar la frontera es fácil. En Veracruz me tocaron las señoras esas que avientan comida y agua.

Alexander se refería a las famosísimas Patronas un grupo de 14 mujeres y al que recientemente se han unido 2 hombres que se dedican a alimentar a los migrantes desde hace más de 15 años. En el año 2013 incluso, fueron ganadoras del Premio Nacional de Derechos Humanos. Estas mujeres, preparan diariamente comida y botellas de agua para aventarle a los migrantes mientras pasan en el tren por La Patrona, un barrio en Amatlán de los Reyes en Veracruz. Una de ellas es Norma Romero, que decidió unirse a la causa de la que su mamá ya era parte, cuando hace 15 años escuchó los gritos desesperados de una mujer Hondureña. La mujer gritaba porque su novio había sido acuchillado en el tren por unos asaltantes. Este grupo de mujeres ha sido reconocido por su ayuda y apoyo a los derechos de los migrantes, sin ánimos de lucro ni remuneración alguna.

Con él venía un señor ya mayor al que le faltaba una pierna. Estaba sentado en una banqueta con sus muletas, me miraba de reojo con desconfianza. Alexander nos dijo que lo había conocido ya aquí en la ciudad. Había perdido la pierna al caerse de La Bestia hace varios años. Perder miembros y lesionarse al bajarse del tren o subirse es bastante común. Estos accidentes son muchas veces los que terminan con el sueño Americano de cada migrante.

No vi a nadie que se cayera del tren. Se que es común. Sólo uno de los que venían con nosotros se golpeó con el semáforo del tren. ¿Qué hicimos? Pus lo subimos, se pegó en la cabeza y se rompió la rodilla. Lo llevamos hasta Medias Aguas (Veracruz) y ahí lo dejamos en el albergue de migrantes. Subirse al tren es fácil, bajarse es lo que se complica luego. Estas marcas son del tren.

Me señala un moretón bastante grande que tiene en la sien, parece que se peleó.

La pata también la traigo así, me pegué con una escalera. Me ha arrastrado dos veces el tren. Hice muchos amigos, en el tren se hacen amigos. Aquí nos separamos en Lechería. Mis amigos eran más que nada Hondureños y Guatemaltecos.

Mientras habla de sus amigos sus ojos miran hacía el piso, como tratando de no llorar o no mostrar su dolor. Saca otro cigarro, lo enciende. Me sigue platicando.

Es feo separarse, se queda solito uno, ya no halla ni para donde caminar. Ahora voy a volverme a subir al tren. Es la segunda vez que hago esto, yo creo que voy a agarrar la misma ruta de la otra vez. La última vez llegué en el tren a Nuevo Laredo pero ahí me agarró la migra y me regresaron a mi pueblo. Ya conozco el camino. De aquí a Nuevo Laredo hice 22 días, no pasé yo por el desierto que es el camino más difícil. Por donde me fui hay cerros, pero luego se para el tren dos o tres días y ahí es lo difícil, porque si no hay nada y uno no lleva ni agua ni comida, pues no come. Ahí es donde se siente. El calor en el tren se soporta, pero el frío es el peor. Nos tapamos con cobijas o bolsas de plástico.

La ruta que tomó Alexander la primera vez que cruzó México se ha vuelto muy peligrosa en los últimos años, ya que pasan por mucho territorio de narcos y especialmente de los Zetas. Esta ruta era la más popular, ya que es la más corta, de 1000 kilómetros. Hoy la ruta más popular entre los migrantes es la del pacífico, que llega a Baja California para que puedan cruzar la frontera por Nogales o Mexicali. Esta es la ruta larga, de 2600 kilómetros y ha sido bautizada como ‘La Ruta del Infierno’ ya que pasa por el desierto de Altar, en Sonora. Sin embargo, Alexander dice haber tenido la suerte de pasar por la ruta corta sin ningún percance.

Ahí nomás me asaltaron los policías.

Se ríe, su sonrisa es contagiosa y le sonrió de regreso. Es el colmo, pensé, que te asalten los policías. Ay, México.

Le preguntó por su futuro en Estados Unidos.

Me dedicaría a los frenos, nunca he cruzado. No se como imaginarme Estados Unidos, no me lo imagino. No me imagino estar ahí. Le quiero mandar dinero a mi familia, me gustaría llevármelos allá a ellos. Pero me da miedo, no quiero que ellos sufran en el tren. No me gustaría que lo que sufro yo, lo sufran ellos. Pero no estoy tan triste, intentó estar en contacto con ellos y hablarles por teléfono cada que puedo, hasta tengo Facebook.

Mi cosa favorita de México es la gente, aquí si le ayudan a uno. En el tren recogíamos fruta en el camino pero la gente nos daba de comer y dinero y pues comprábamos nosotros. No he pasado ni un solo día sin comer, algo me regalan todos los días. Pido aquí a la gente y bendito sea Dios me dan para comer, para comprarme ropa, me han regalado zapatos. Lo que traía de El Salvador ya no traigo nada. Ahorita me toca irme hasta Querétaro, ya no nos dejan subirnos al tren aquí en Lechería los policías, lo agarro hasta allá. En tres horas me voy para allá yo creo, en el bus.

Alexander se ve más que listo para comenzar con su nueva vida en Estados Unidos. Nos cuenta que las cosas en El Salvador se han puesto difíciles, que no hay mucha oportunidad, que esta muy peligroso por la existencia de los pandilleros de los Maras Salvatruchas, que te roban, te extorsionan y te matan por diversión en algunos casos.

Allá les decimos los Mareros, por nada nos quieren matar. Te los encuentras en cualquier esquina, por tu forma de vestirte te amenazan, no importa si eres o no pandillero. Si a ellos no les gusta, te pueden matar.

La pandilla de los Maras, irónicamente, se originó en Los Ángeles y se ha expandido a muchos países de Centroamérica incluyendo México, El Salvador, Honduras y Guatemala. Es fácil identificar a un Mara gracias a sus numerosos tatuajes, muchas veces con las letras MS-13  en alguna parte del cuerpo.  Son conocidos por tener su propio lenguaje de señas y por su impresionante uso de la violencia y un código moral en el que los asesinatos por honor, venganza y retribución son comúnes. Recientemente ha salido a la luz, que el Cártel de Sinaloa, dirigido por Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán que ha estado en boca de todos por su increíble escape de prisión hace unas semanas, ha reclutado un gran número de Maras para ser entrenados y así poder atacar y disminuir la fuerza del Cártel del Golfo y de los Zetas.

 Lo que te pagan en los sembradíos donde yo vivo son 3 dólares diarios, más uno no puede ganar ahí. Quiero que mis hijos estudien más, que tengan más oportunidades.

Acabando la entrevista me acompaña a un puesto cercano y le invito una Coca- Cola bien fría y unos cigarros. Prende otro. Nos damos la mano, nos despedimos y lo veo caminar por la avenida. Caminar hacía un destino incierto.


También les quiero compartir estos dos documentales increíbles por si les gustaría conocer un poco más sobre la historia de los migrantes:

Quiero agradecer a mi hermano Fernando Colosia por su apoyo en la realización de este reportaje. ¡Gracias por apoyar mis locuras! ¡Te amo!

2 thoughts on “El Tren de la Muerte

  1. Emmis, muy buena crónica.
    Excelente redacción!
    Te felicito!
    Tu puedes!!!!!
    Yo creo en ti!!!!!
    Saludos desde Monterrey!
    La Sultana del Norte!

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    1. Hola Emmis!
      Estoy orgulloso de ti y de este nuevo proyecto en tu vida… siempre te voy a apoyar en todas tus locuras… sabes que te amo y que contigo o por ti, iría hasta el infierno y de regreso con una sonrisa.
      te amo ems!
      Fer

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