Eibud

Santi, ¿te acuerdas del primer día en el que hablamos?, yo estaba enojada. Estaba de vacaciones de semana de pascua y había ido a Six Flags con mis amigas. Una no había llevado dinero y le prestamos entre todos, pero ya no nos alcanzó para comer. Me dijiste que querías venir conmigo y que te pondrías un sombrero rojo para que pudiera ubicarte. Ahora sé que no te gustan las montañas rusas y que nunca tendrías un sombrero rojo.

Jerry me había contado de ti, de su amigo ‘Abud’ y yo me imaginaba un niño hindú o árabe con turbante. Ese día me mando una foto tuya y me pareciste guapo. Se lo dije y él te lo dijo a ti. ‘Le gustas a mi amiga Emma’. Ya me lo imagino, con sus ojos azules y saltones y su voz burlona. Desde ese día me mandaba fotos tuyas diario, diciéndome que saliera contigo y que te iba a convencer de invitarme a salir. Yo lo tomé como una broma. Supongo que tu también, me contó sobre las veces que ponía mi perfil de Facebook en tu clase de contabilidad, en el proyector para que los demás lo vieran y le preguntaba a la gente si aprobaba nuestra supuesta relación. Sé que dijiste que yo estaba fea y que era una niña rara, pero ni siquiera me conocías. Uno de esos días me agregaste en Facebook y yo te acepté, aunque sabía que probablemente Jerry me había agregado desde tu cuenta sin tu consentimiento, ya sabes como es.

¿Te acuerdas del día en el que nos dimos nuestro primer beso? Era mi graduación de prepa y mis amigas borrachas, ya descalzas, con el maquillaje corrido te amenazaban con hacerte pagar si me lastimabas. No había tenido mucho suerte con el amor. Estábamos platicando en la fuente que está en medio de la Hacienda de los Morales.  De repente, me diste un beso y me puse roja, roja, roja, roja. Ese día conociste a mi familia, eras el primer niño que les presentaba. Mi hermano ya te conocía y muy extrañamente, te amaba. Esto de conocer a la familia también debió  haber sido súper incómodo para ti y yo sabía que iba a tener consecuencias.  Por lo menos por los próximos 6 meses cada que me vieran en vez de saludarme empezarían : “¿Y el novio? (aunque no lo fueras aún) ¿Dónde lo dejaste?”. Aunque lo nuestro no prosperara, tu recuerdo iba a estarme molestando a través de mi familia latosa. Pero sí prosperó, las cosas en mi vida cambiaron mucho. Sí, había salido con otros niños antes. Sí, me había enamorado: pero esto no era lo mismo. Eras EL primer novio oficial, el que conocía a mis papás, el único que se llevaba muy bien con mi hermano, el que me visitaba en mi casa. Las caras de celos de mi papá empezaron a parecerme comunes, cada vez que salía contigo en vez de quedarme a ver alguna película con él, o a comer contigo en vez de ir con él notaba esos gestos y miradas que transmitían entre celos y melancolía.  Me daban risa sus ojos de pistola mientras me tocabas la rodilla o el brazo en su presencia. Un día incluso me dijo: “Cuídate mucho, el primer amor es el que más te marca, el más difícil de olvidar.” Aun hoy me parece muy raro que me haya dicho esto, lo conoces y sabes que es la persona menos sentimental del mundo. Creo que en especial a él y a Billy (el hermano celoso) les costó trabajo ajustarse. ¿Te acuerdas de lo loco que se puso la primera vez que nos fuimos juntos de viaje? Supongo que a los papás les cuesta trabajo aceptar que, en especial, sus hijas crecen. Supongo que él todavía me ve como esa niña de tres años que jugaba a hacer tortas de lodo o sopa de pasto en el jardín. O tal vez me sigue viendo como esa niña de 4 años, que era la más chiquita del grupo, que el uniforme le nadaba y solo comía queso amarillo y danoninos. Probablemente se quedo con la idea de que sigo siendo la pequeña regordeta de ocho años, que hacía ballet y no le cerraba el uniforme.

Al principio esto de tener novio me parecía muy raro, a mis abuelos también y por varios meses te llamaron Sebastián en vez de Santiago. Cuando mis amigas me preguntaban por ti me refería a ti como ‘Santiago’ no como ‘mi novio’ porque me sonaba extraño. No se si fue porque acababa de entrar a la Universidad o porque eras mi primer novio pero mi mamá empezó a molestarme y criticar mi manera de vestir y mi manera de hablar. Nunca lo había hecho antes, pero empezaron sus reproches o según ella consejos : “Ay Emma, ahora sí péinate” “A ver si ahora sí ya te arreglas un poquito más” “Ya no digas tantas groserías, que va a pensar Santiago de ti” . Pero bueno, ya sabes que soy un poco floja para eso y las groserías se me salen solas.  Dejé de ir sola a fiestas y reuniones con mis amigos y conocí a los tuyos. Tu te acoplaste muy bien con ellos, pero a mi me costó muchísimo trabajo hacerlo con los tuyos. Eso de tener que salir con gente desconocida me parecía muy complicado. Había tenido los mismos amigos desde chiquita y tener que convivir con gente nueva  era algo que me parecía pesado y difícil.

¿Te acuerdas de un día que me llevaste un rosa a mi clase de matemáticas? ¿Y que pegaste un poster que decía TE AMO EMMIS afuera de mi salón? Fuiste el primer niño que tuvo detalles así conmigo. Cuando me acuerdo de esas cosas todavía siento mariposas en la panza. Me dan ganas de abrazarte y a veces de llorar. Me es muy fácil llorar, soy muy emotiva y lo sabes. Y es que no solo fuiste mi primer novio, fuiste la persona que estuvo conmigo cuando me cambié de carrera, cuando me metí a medicina, cuando me salí de medicina y cuando me volví a cambiar de carrera. Estuviste conmigo cuando no sabía que quería de mi vida y estuviste conmigo cuando encontré lo que me hace feliz y a lo que me quiero dedicar. Estuviste conmigo en ese proceso en el que maduré, en el que tomé un camino más claro, en el que me convertí en adulta (casi). Y yo estuve ahí contigo también, desde la época en que no te gustaba tu carrera, hasta el día en que entraste a tu primer trabajo y lo odiaste. Siempre estuvimos ahí, juntos. Estuviste conmigo en los momentos más difíciles, cuando todo en mi vida daba vueltas, cuando las cosas se caían, cuando me volvía loca.

Es curioso pensar que llevamos tanto tiempo juntos, que hemos cambiado tanto desde que éramos esos adolescentes que no sabían absolutamente nada de la vida. Sin embargo, nuestro amor sigue intocable. Dice mi papá que el primer amor es el que más te marca y el más difícil de olvidar, pero pues, mi corazón espera que también sea el más largo.

Tal vez eterno.

 

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