Y era la tiroides…

Al igual que la mayoría de las personas en este planeta, uno de mis propósitos de cada Año Nuevo es bajar de peso.

Normalmente lo hacía de manera bastante fácil, hay que bajar los kilos de la cena de Navidad y todas las posadas (y todo el vodka que me tomé en ellas). El plan general de cada año era ir a la nutriologa, seguir la dieta al pie de la letra (soy medio obsesiva entonces si dice una taza de arroz es una taza de arroz, ni un grano más ni uno menos) ir al gym de manera constante… y ya. Pero desde hace un par de años esos kilitos no se quitaban de manera tan sencilla y comencé a quedarme atrás.

El primer año que me pasó eso pensé que era por mis pésimos hábitos alimenticios de la temporada. Esa Navidad me valió madres el mundo y me fui como gorda en tobogan con la comida. Santiago y yo preparábamos hot cakes y en la masa echábamos chocolate, luego miel de maple y chocolate encima, más chispas de chocolate…

Pero bueno, el último año fue el peor de todos. Estuve y estoy en un punto en el que ya no me quedaba la ropa, nada en mi clóset me queda bien. Hasta los calzones me aprietan.

Santiago es muy práctico y dice que la solución no es bajar de peso, sino comprar ropa más grande. Pero él no entiende este dilema.

Anyway, en diciembre me puse súper loca. Me compré un reloj que monitoreaba mi corazón las 24 horas del día y calculaba con exactitud las calorías quemadas por mi cuerpo. Me puse igual de intensa en el gym, 5 kilómetros diarios corriendo y después una hora de spinning o cardio hasta quemar 800 calorías además de una dieta súper estricta de 1100 calorías cuando mi metabolismo basal quema más o menos eso en un día.

30 días comiendo apios en cantidades industriales, negándome a comer pasteles, pizzas y a tomar alcohol y baje… tan tan tan… NADA. Hasta subí de peso. Maldita sea.

Algo estaba mal. Y resultó ser la tiroides.

¿Será bueno o malo? Muchos me dicen que es bueno porque ya sé qué es lo que tengo.

Pero no sé. De alguna manera siento que es malo. No es tan fácil de controlar como la dieta o los hábitos alimenticios. Estoy condenada a tomarme una pastilla diaria por el resto de mi vida y sacarme sangre cada 3 meses de manera permanente.

¿Será la vida diciéndome que no puedo ser control freak con absolutamente todos los aspectos de mi vida?

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